La mecánica cuántica es clara, somos parte de un todo,
pero una parte única. Cada uno de nosotros es irrepetible como el tiempo en que
vivimos.
Para llevar esto al terreno de la comprensión, buscando la forma de
hacerlo desde la sencillez típica de las cosas lógicas, manifiesto que existe un plano interior y
otro exterior claramente definidos. El interior, esta gobernado por nosotros
mismos, por ende, cada cosa que ocurre en él, parte de una decisión personal.
En cambio el exterior, obedece a un conjunto de parámetros que no dependen de
nosotros, salvo en la contribución que hacemos para poder alinearnos, y a partir de ahí, lograr la
armonía que nos permita establecer el vínculo apropiado que nos facilite la
posibilidad de desarrollarnos y así poder acceder a los espacios que nos
conduzcan hacia nuestras metas personales.
Esta
claro que en función de cada decisión interna que tomamos, esta repercute
indefectiblemente en el afuera, en cada
una de las diferentes relaciones que con él establecemos. Estas pueden ser
afectivas, laborales, profesionales, etc., y en cada caso, tendremos que establecer cuales son los limites adecuados,
tanto en el orden espiritual como en el material (todas las cosas tienen ambas
contribuciones), que nos permitan satisfacer, de igual forma, nuestros deseos y
necesidades. Estos limites deben ser fijados por nosotros mismos en relación a
lo que nuestra esencia nos demanda, razón por la cual, es importante trabajar
sobre el conocimiento de la misma.
En
el universo todo es dinámico, de igual forma, es nuestro proceso interno. Esto
nos coloca en un estado de constante cambio, el cual, no siempre es registrado
por nuestro consciente. Nuestro mundo interior cambia, ya que nuestros deseos y
necesidades también lo hacen y esto debiera conducirnos a examinar la necesidad
de hacer un giro de timón cada tanto.
A
este giro de timón, yo lo llamo “Repactar el Proceso” ya que cada vez que esto, necesariamente deba
ocurrir, es indispensable revisar los contratos que hasta ese momento estaban
vigentes. Nada es eterno, por lo tanto, para que algo perdure se debe revisar y
readaptarlo a las nuevas circunstancias, entonces sí se podrá extender en el
tiempo.
Existen
ciclos internos, como cuando cumplimos años; o externos, como por ejemplo
cuando un año empieza o termina. Estos ciclos se abren y se cierran y en cada
caso se genera una buena oportunidad para Repactar el Proceso y
corregir todo aquello que ya no aporta mas a nuestro proceso interior, y como
consecuencia, a nuestras relaciones vinculares con el entorno en el que nos
desarrollamos diariamente.
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