El mecanismo universal es claro, preciso y mucho mas
simple de lo que pensamos que es. A pesar de esto, existe una gran dificultad
que se nos
manifiesta cada vez que debemos aplicarlo en nuestra propia vida.
Esto es natural y bastante sencillo de comprender, sólo requiere que nos
tomemos el tiempo necesario para llevar adelante el aprendizaje que nos abra,
definitivamente, las puertas del misterio devino.
Vivimos diariamente experimentando, la mayor
parte de las veces no tenemos conciencia suficiente de ello, a través de lo que
nos sucede en nuestro accionar cotidiano. Sólo nos detenemos frente a aquello,
que de una manera significativa, se nos presenta generándonos algún tipo de
dificultad mayor, exigiéndonos de esta manera a realizar un esfuerzo, mayor al
habitual, para resolverlo y seguir
adelante con nuestra tarea.
Sé que con decir que algo es bastante sencillo, no alcanza
para convencer acerca de ello. Es necesario algo más contundente, para lograr
así la atención general y dar el aporte necesario, para que el aprendizaje del
cómo de las cosas, este al servicio de quien lo requiera.
Está claro que existe un mundo al que podemos percibir
simplemente poniendo en funcionamiento nuestros sentidos. Este mundo, al que
llamamos concreto, se nutre de uno mucho más pequeño, imperceptible, y
definitivamente alejado de nuestra conciencia racional. Aun así, por
insignificante que parezca, es el que establece las reglas del armado
universal, las que luego vemos materializada como macrocosmo cada mañana al
despertarnos.
Una de las reglas básica de funcionamiento fundamentales
para la construcción vivencial, es la del armado y desarmado. Para explicarlo
lo haré basándome en una experiencia infantil que la mayoría de nosotros
tuvimos cuando jugar era el objetivo de vida. Quién no tuvo un juego de bloques
o ladrillitos, como yo lo llamaba en mi propia infancia; con el cual pasábamos
horas creando construcciones de todo tipo (al que no lo haya aun podido
vivenciar, le aconsejo que se consiga uno y disfrute de sus bondades, aunque
sean un ratito de su adulto tiempo) que marcaban nuestros sueños de creación
más profundos. Estos juegos tenían una cantidad de piezas determinadas, que por
supuesto podíamos agrandar con la adquisición de algún complemento del mismo,
pero que aun así, en algún momento se acababan a medida que avanzaba nuestra
construcción. Cuando ello sucedía nos quedaba tres caminos posibles: seguir
jugando indefinidamente con lo que habíamos armado, dejar de jugar con ese
juego cambiándolo por otro o desarmar lo armado y así usar las piezas para la
siguiente construcción. Podríamos haber elegido un cuarto paso, comprar
indefinidamente complementos para nunca tener que desarmar nada y tener siempre
piezas disponibles a nuestro alcance, pero ni se me ocurrió ponerlo como
alternativa ya que sería bastante antinatural pues no iría con la esencia del
juego, Esta, sin ninguna duda, está relacionada con la tercera, la de armar y
desarmar, pues para este fin se creo el juego. De esto se deduce que podremos
generar nuevas instancias en la construcción sólo, y sólo si, desarmamos lo
anterior.
Esto ocurre todo el tiempo en nuestras vidas, para armar
algo nuevo necesitamos desarmar lo que ya es parte del pasado, lo que no necesitamos
más para seguir jugando a este maravillosos juego que es la vida.
Es doloroso
desarmar todo aquello que armamos con ahínco y que nos acompaño durante tanto
tiempo, pero del dolor surge lo nuevo, lo que el universo nos ofrece para que
nuestras vidas tengan sentido, de nosotros depende el lograrlo.

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