jueves, 12 de febrero de 2015

Reencuentro con la Salud



Que hermoso es levantarnos cada mañana y sentir la magnifica sensación de que todos nuestros pensamientos están alineados según nuestros propios deseos. Esto es muy importante porque tarde o temprano cada uno de ellos se densifican haciéndose presentes alimentando nuestra realidad. 




Muchas veces esto no ocurre y entonces nuestras vidas recorren un camino que no nos satisface, perturbando esto nuestros sentimientos y emociones. Si este estado en nuestro anima se sostiene durante mucho tiempo corremos el riesgo que se altere nuestro equilibro corporal afectándose nuestra salud física. Ocurrido esto, lo primero a lo que apelamos es a intentar corregir externamente ese desequilibrio trabajando directamente sobre la zona de nuestro cuerpo que se ve afectada. En general nada hacemos con lo que verdaderamente motiva ese desequilibrio, y que opacado por nuestro claro malestar corporal, pasa a un segundo plano en nuestra prioridad cuando de sanarnos se trata. A esto se suma, a veces, el tiempo que en muchas oportunidades nos lleva el restablecer definitivamente el estado de salud físico perdido, lo que profundiza aún más el olvido de en dónde se inició todo.
Una vez recuperados seguimos nuestra vida sin registrar aún lo que verdaderamente nos está sucediendo y que es ni más ni menos que: 

“NO NOS PLACE LA VIDA QUE ELEGIMOS”

 Luego, el vértigo de lo cotidiano nos aleja definitivamente de la Calidad de Vida Debida característica de quiénes crean su propia realidad según sus más profundos deseos, los cuales sin duda están íntimamente relacionados con la Misión que vinimos a conmensurar. Esto nos lleva inevitablemente a un agravamiento de nuestra salud, lo cual se manifiesta por la repetición una y otra vez de los mismo síntomas, lo cual corremos el riesgo de transformar en una situación crónica y muchas veces irreversible para nuestro cuerpo.

Poseer un cuerpo sano es esencial si anhelamos una vida plena colmada de realidades a la altura de un ser evolucionado que aspira, no sólo a disfrutar de los logros materiales y espirituales, sino también, a lograr lo divino en uno, nivel máximo de nuestra expectativa como Hombres.

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