Que hermoso es levantarnos cada mañana y sentir la magnifica
sensación de que todos nuestros pensamientos están alineados según nuestros
propios deseos. Esto es muy importante porque tarde o temprano cada uno de
ellos se densifican haciéndose presentes alimentando nuestra realidad.
Muchas veces esto no ocurre y entonces nuestras vidas recorren
un camino que no nos satisface, perturbando esto nuestros sentimientos y emociones.
Si este estado en nuestro anima se sostiene durante mucho tiempo corremos el riesgo que
se altere nuestro equilibro corporal afectándose nuestra salud física. Ocurrido
esto, lo primero a lo que apelamos es a intentar corregir externamente ese
desequilibrio trabajando directamente sobre la zona de nuestro cuerpo que se ve
afectada. En general nada hacemos con lo que verdaderamente motiva ese
desequilibrio, y que opacado por nuestro claro malestar corporal, pasa a un
segundo plano en nuestra prioridad cuando de sanarnos se trata. A esto se suma,
a veces, el tiempo que en muchas oportunidades nos lleva el restablecer
definitivamente el estado de salud físico perdido, lo que profundiza aún más el
olvido de en dónde se inició todo.
Una vez recuperados seguimos nuestra vida sin registrar aún
lo que verdaderamente nos está sucediendo y que es ni más ni menos que:
“NO NOS
PLACE LA VIDA QUE ELEGIMOS”
Luego, el vértigo de lo cotidiano nos aleja
definitivamente de la Calidad de Vida Debida característica de quiénes crean su
propia realidad según sus más profundos deseos, los cuales sin duda están
íntimamente relacionados con la Misión que vinimos a conmensurar. Esto nos
lleva inevitablemente a un agravamiento de nuestra salud, lo cual se manifiesta
por la repetición una y otra vez de los mismo síntomas, lo cual corremos el
riesgo de transformar en una situación crónica y muchas veces irreversible para
nuestro cuerpo.
Poseer un cuerpo sano es esencial si anhelamos una vida
plena colmada de realidades a la altura de un ser evolucionado que aspira, no
sólo a disfrutar de los logros materiales y espirituales, sino también, a
lograr lo divino en uno, nivel máximo de nuestra expectativa como Hombres.

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