Todos
somos los único responsables de decidir cual es nuestra calidad de vida, ya que
todos tenemos una calidad de vida. Esto no implica que ésta sea la adecuada, pues el
concepto de calidad de vida por
si solo no alcanza para asegurarnos una
encarnación a la altura de alguien que decide cumplir la gran Misión de
acercarse a lo divino.
A partir de acordar con esto, preguntémonos a
nosotros mismos que calidad de vida tenemos y que relación tiene ésta con la
que seguramente cada uno de nosotros tenemos en nuestro imaginario,
decididamente una soñada y deseada pero hasta ahora no concretada en lo denso,
o sea, manifestada en nuestra realidad. Por ello es indispensable rever este
concepto para sustituirlo por otro que sea especifico y adecuado a lo que hemos
venido a transitar en cada encarnación, en cada período de crecimiento en
nuestra vida.
En cambio cuando hablamos de Calidad de Vida Debida,
nos estamos refiriendo a algo inherente a cada uno de nosotros mismo. Una
cuestión que se gesta a partir del desarrollo de un espacio que se nos es
asignado en este Universo para que hagamos de él una parte de un “Todo” que se
expande y amplifica con un único objetivo, “El Crecimiento”. Descubrir cual es
esta Calidad de Vida Debida es parte del proceso de crecimiento pues se trata
de un escalón de la gran escalera que nos eleva hacia una instancia superior en
un verdadero salto cuántico hacia un estado de conciencia más elevado. A partir
de este escalón nuestra encarnación se convierte en Misión y entonces nos
alineamos con lo que el Universo aguarda de nosotros.
Existen indicadores de que estamos transitando ese camino
de alineación, el más concreto y determinante es nuestra salud, ya que sin ésta
ninguna intención de abundancia es posible y sin abundancia no hay crecimiento.
Para poder hacer un viaje y llegar a destino de manera satisfactoria, es
necesario asegurarnos que el medio de transporte que elijamos esté en perfecto
estado, de lo contrario corremos el riesgo de que esto nos impida arribar a la
meta elegida. Nuestro cuerpo es el medio por el cual nos conducimos en esta
experiencia llamada recorrido terrenal, siendo éste el vehículo que nos permite
y asegura el gran recorrido que todos debemos hacer para trascender hacia lo
divino, lugar en donde el mismo ya no es necesario, pues una vez instalados
allí viajamos de otra forma.
El concepto de salud necesita ser entendido como
algo que comienza en nosotros pero no termina en nosotros, sino que desde la
instalación definitiva de un estado saludable, propio de un ser completo, ésta
se traslada naturalmente a nuestra realidad inundado de ella a todo lo que nos
rodea, pues así la ley del espejo lo determina. Si nos sentimos saludables pero
rodeados de aspectos que no coincidan con este estado, es necesario dudar de
ese sentimiento pues la ley de atracción, como tal, siempre se cumple.
Por ello el primer paso es actuar en pos de
instalar, si no lo estuviese, la salud en nuestro cuerpo y una vez logrado
esto, convertirnos en verdaderos propagadores de la misma, facilitando a
nuestro entorno aquellas herramientas que nos aseguran ese estado del que
disfrutamos de forma permanente y que ya hemos logrado en nuestra propia
existencia como individuos.
"Este es el gran desafío, convertirnos en Guías
Facilitadores de Salud, a partir de un ejemplo de vida en el cual el encontrar
la Calidad de Vida Debida nos convierte en seres éticos que tiene como meta
Alimentarse Responsablemente de aquellos nutrientes que satisfacen al unísono
nuestras necesidades en Cuerpo, Alma y Espíritu"

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