sábado, 3 de noviembre de 2012

Miseria o Generosidad



Existen personas que se creen con el derecho de aprovecharse de la generosidad ajena. Está claro que la mayoría  tienen sobradas justificaciones para hacerlo, posicionándose  en el centro del universo como víctimas de un mundo cruel que ha tenido para ellas la decisión de vidas desgraciadas y sufridas. Por supuesto, nada tiene que ver con sus propias decisiones, todo tiene un nombre y apellido como responsable de sus vicisitudes.


Por el otro lado están los generosos, seres con profunda espiritualidad que han aprendido que el universo nos convocó  para venir a dar sin esperar recibir nada a cambio. No pueden evitar hacerlo, ya que son el gran contrapeso que equilibra la balanza, evitando que el egoísmo y la avaricia se apoderen de almas débiles y con poco desarrollo espiritual.
Todos tenemos una misión y a ella nos debemos encomendar. Dar, es sin duda, lo que nos permitirá luego recibir, porque cuando damos generamos un nuevo espacio vacío a llenar. Éste es el privilegio de los generosos, el premio causalístico que el universo les tiene preparado para que su labor nunca decaiga, a pesar de la incomprensión y maldad a la que son sometidos por la soberbia de los miserables, que sólo se miran el ombligo y se sienten con derecho a convertirse en los dueños absolutos de su nobleza.

El ser que hace uso de su espiritualidad trabajando diariamente para que ésta crezca y se desarrolle; a pesar de la insistencia del sistema en alejarlo de este camino de esfuerzo y dedicación, usando como herramienta de distracción espejitos de colores; tiene como único espejo donde mirarse, a su alma. Al hacerlo, va comprobando que ese disfraz que es su belleza física es sólo una delgada capa de vida efímera, y que sólo cobra importancia en aquellos cuyo ego es tan grande, fruto de una autoestima tan pequeña, que sólo pueden ver ese disfraz, opaco y macizo, que termina por anularlos, secándolos lentamente hasta volverlos cartones desechables. 

El universo es sabio: nos da las cosas para ver qué hacemos con ellas, cómo las usamos y qué destino les damos. Todos somos responsables de nuestras elecciones y acciones, y si decidimos convertirnos en victimas para así poder ultrajar a los generosos, hagámonos cargo de las consecuencias. Sepamos  que aunque creamos que éstos van a estar para siempre a nuestro lado para rescatarnos de nuestras propias desdichas, esto no sólo no va a ser así, sino que les aseguro que terminarán rodeados de lo mismo que han decidido ser, cartones rígidos con bellas fotos de esculturas muertas.       







2 comentarios:

  1. Excelente Guillermo, no hace falta agregar nada. si me permitis, lo comparto, muchas gracias
    Luis A. Sarcone

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  2. INCREÍBLE MENSAJE,DURO PERO MUY REAL.
    MUY AGRADECIDA COMO SIEMPRE Y DISPUESTA EN MENTE Y CORAZÓN A SEGUIR APRENDIENDO CADA DÍA UN POCO MAS, ES USTED UN EXCELENTE MAESTRO, TODO MI RESPETO Y MI CARIÑO.

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