Existen personas que se creen con el derecho de
aprovecharse de la generosidad ajena. Está claro que la mayoría tienen
sobradas justificaciones para hacerlo, posicionándose en el centro del
universo como víctimas de un mundo cruel que ha tenido para ellas la decisión
de vidas desgraciadas y sufridas. Por supuesto, nada tiene que ver con sus
propias decisiones, todo tiene un nombre y apellido como responsable de sus
vicisitudes.
Por el otro lado están los generosos, seres con
profunda espiritualidad que han aprendido que el universo nos convocó
para venir a dar sin esperar recibir nada a cambio. No pueden evitar hacerlo,
ya que son el gran contrapeso que equilibra la balanza, evitando que el egoísmo
y la avaricia se apoderen de almas débiles y con poco desarrollo espiritual.
Todos tenemos una misión y a ella nos debemos
encomendar. Dar, es sin duda, lo que nos permitirá luego recibir, porque cuando
damos generamos un nuevo espacio vacío a llenar. Éste es el privilegio de los
generosos, el premio causalístico que el universo les tiene preparado para que
su labor nunca decaiga, a pesar de la incomprensión y maldad a la que son
sometidos por la soberbia de los miserables, que sólo se miran el ombligo y se
sienten con derecho a convertirse en los dueños absolutos de su nobleza.
El ser que hace uso de su espiritualidad trabajando
diariamente para que ésta crezca y se desarrolle; a pesar de la
insistencia del sistema en alejarlo de este camino de esfuerzo y dedicación,
usando como herramienta de distracción espejitos de colores; tiene como único
espejo donde mirarse, a su alma. Al hacerlo, va comprobando que ese disfraz que
es su belleza física es sólo una delgada capa de vida efímera, y que sólo cobra
importancia en aquellos cuyo ego es tan grande, fruto de una autoestima tan
pequeña, que sólo pueden ver ese disfraz, opaco y macizo, que termina por
anularlos, secándolos lentamente hasta volverlos cartones desechables.
El universo es sabio: nos da las cosas para ver qué
hacemos con ellas, cómo las usamos y qué destino les damos. Todos somos
responsables de nuestras elecciones y acciones, y si decidimos convertirnos en
victimas para así poder ultrajar a los generosos, hagámonos cargo de las
consecuencias. Sepamos que aunque creamos que éstos van a estar para
siempre a nuestro lado para rescatarnos de nuestras propias desdichas, esto no sólo
no va a ser así, sino que les aseguro que terminarán rodeados de lo mismo que
han decidido ser, cartones rígidos con bellas fotos de esculturas
muertas.

Excelente Guillermo, no hace falta agregar nada. si me permitis, lo comparto, muchas gracias
ResponderBorrarLuis A. Sarcone
INCREÍBLE MENSAJE,DURO PERO MUY REAL.
ResponderBorrarMUY AGRADECIDA COMO SIEMPRE Y DISPUESTA EN MENTE Y CORAZÓN A SEGUIR APRENDIENDO CADA DÍA UN POCO MAS, ES USTED UN EXCELENTE MAESTRO, TODO MI RESPETO Y MI CARIÑO.